En una sala de fiestas, con la estructura típica del stand-up, FAEMINO Y CANSADO se meten al público en el bolsillo, lo sacan de dos sombreros de copa (¿o son tres?), le obligan a hacer malabarismos intelectuales y gritar en público que han leído a Kierkegaard. Todo ello sin perder un ápice de la pasmosa tranquilidad que les permite disfrutar de su copa y cigarrillo mientras dan rienda suelta a su humor único, adictivo, en unos chistes o sketches que nacen, evolucionan y se metamorfosean según las ocurrencias, inspiración y humor —nunca mejor dicho— de estos genios del ingenio.