DespuƩs de que el pueblo inglƩs, incluida la madre de
Conan Doyle, se rebelara contra la muerte de
Sherlock Holmes,
el detective es «resucitado»: «Le pido mil perdones, querido Watson,
pero era fundamental que todos me creyeran muerto». Y por supuesto,
todos le perdonamos, porque urge su presencia, sin mĆ”s, como antĆdoto
del tedio. Es cierto que la sombra de su asesino Doyle tambiƩn se deja
ver en La reaparición de Sherlock Holmes, pero ni los personajes ni el
lector, ocupados con los nuevos casos, tienen tiempo para reparar en
ello. Criptogramas, estudios cada vez mĆ”s especializados —ahora en las
huellas de neumĆ”tico—, tipos mĆ”s astutos de lo que parece, y mujeres…
desconcertantes mujeres… «Sus actos mĆ”s triviales pueden significar una
inmensidad, y sus comportamientos mƔs extraordinarios pueden depender
de una horquilla», componen este regreso tan solicitado como
satisfactorio.
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