Entre todas las cosas que pueden contemplarse bajo la bóveda celeste, no
hay nada que despierte más el espÃritu humano, que embelese más los
sentidos, que horrorice más, que provoque más pavor o admiración, que
los monstruos, los prodigios y las abominaciones a través de los cuales
vemos invertidas, mutiladas y truncadas las obras de la naturaleza.
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