En sus inicios, Jesse Livermore observó que la mayorÃa de los operadores perdÃan dinero de una forma constante y que la mayorÃa de ellos carecÃan de un plan inteligente para operar. Prácticamente apostaban. Otra observación era que cuando hay dinero de por medio, las emociones asumen el control, no el intelecto.
Un aporte importantÃsimo es que Livermore fue toda la vida un aprendiz. Se dedicó a anotar cada una de sus operaciones y a estudiar con el fin de detectar sus errores y poder corregirlos.
En sus inicios, se guiaba por dos reglas inquebrantables: No iniciar una operación hasta tener la mayor cantidad posible de probabilidades a su favor (era un operador de convergencias) y esperar pacientemente a las condiciones perfectas.
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