En algún momento las fronteras éticas se desdibujaron en las series de televisión y pasamos del mundo de los héroes y los villanos a los antihéroes, y ahora al de los antivillanos que son algo asà como la etapa superior del discurso ético-estético-cultural de las actuales sociedades de control.
Tanto nos quejamos de las historias en las que habÃa buenos y malos y la diferencia era infranqueable entre unos y otros que nos dieron con el gusto y ahora tenemos la negación de la negación encarnada en estos personajes ficcionales que están más allá de toda consideración o juicio de valor.
Porque el antihéroe como Walter White o Dexter tenÃa al menos excusas que nos parecÃan legÃtimas para ir y venir entre el ser héroe o villano nos parecÃa bien, y lo legitimábamos sea porque sus desvÃos y locuras estaban asociadas a alcanzar un bien mayor o porque el sistema social, judicial, polÃtico o económico era corrupto o inservible.

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