Jody no pidió convertirse en vampiro. Pero cuando se despierta debajo de un contenedor, en un callejón, con un brazo quemado, la espalda dolorida, una fuerza sobrehumana y una sed de Nosferatu, se da cuenta de que alguien ha decidido por ella.
La vida de los vampiros es todo romanticismo y poesía... ¿o no? Cuando la joven Jody se despierta una mañana con parte del cuerpo quemado y una sed de sangre terrible, tiene que enfrentarse a todos los aspectos prácticos de su nueva condición: dónde dormir, cómo conseguir sangre fresca, cómo mantener el tipo ante su madre...