Tarl Cabot se encuentra de pronto entre los crueles hombres que gobiernan y campan por las estepas goreanas, esclavizado por ellos, pero no tiene más remedio que, por el momento, permanecer a su lado ante el inminente ataque procedente de las tribus enemigas que los kurii habían logrado enfrentar a los jinetes de las estepas. Se desata nuevamente el monstruo de la guerra sembrando el caos y la destrucción. Hasta las esclavas, casi siempre meras observadoras o sufridoras también urden salvajes traiciones.