Un dÃa voy a caminar por la calle o entrar en una habitación llena de gente completamente desnuda. No… mejor aún… voy a caminar por la calle o entrar en una habitación llena de gente sin ropa interior. Sin nada debajo de la cintura. Voy a tener a todos mirándome, y no solo a mÃ, sino a mi coño. SÃ, eso es lo que quiero. Quiero que todos me miren desde abajo. Por supuesto, no soy lo suficientemente valiente como para ir tan lejos de mis sueños, pero últimamente he estado dejando que los hombres miren mis partes femeninas en situaciones semipúblicas y me encanta. Me encanta cuando miran mis pechos y, especialmente, me encanta cuando miran mi coño. Nunca sé qué decir o hacer en ese momento, pero la mirada de lujuria en sus ojos es muy excitante. Voy a intentar esto con la clase que daré el lunes por la noche. Son todos hombres y hay muchos de ellos. ¡Va a dar miedo, pero será increÃble! Solo espero que mi esposo siga alentándome. Ha empezado a hacerlo y eso le está añadiendo un nivel completamente nuevo a la experiencia para mÃ.
De las mentes humanas creativas de Matt y Maddy. Cada historia erótica de Coolomon está concebida, escrita y mejorada por un autor masculino y una editora femenina pensando en ti, nuestro lector chico malo/chica traviesa.
Historia 2
Derechos mineros: Strip for Cash: A mi marido Alan siempre le ha gustado que me vista de forma sexy. Esto es algo que tenemos en común, ya que disfruto de la atención de otros hombres. Sin embargo, siempre ha sido algo divertido entre nosotros. Nunca ha sido nada parecido a lo que pasó en este club al que fuimos. Supongo que fue una combinación de estar de vacaciones de nuestro estilo de vida normal y el dinero. Y no era solo que realmente necesitáramos el dinero, era la emoción absoluta de conseguirlo de esa manera. Quiero decir, nunca me habÃa imaginado que algo asà sucediera en un club. Ciertamente nunca me habÃa imaginado que otro hombre me tocara mientras mi marido miraba. Aunque tampoco tenÃa idea de las fotos que mi marido me habÃa tomado en nuestra luna de miel. O que los hombres hagan lo que llaman tributo a las fotos de mujeres desnudas. ¡Dios mÃo!

0 Comentarios