Felipe solo quería tranquilidad, disfrutar de sus vacaciones de julio lejos del colegio, de sus compañeros de clase y de los apodos crueles que le ponían por su peso. El problema es que su madre decide acoger a Caio, su vecino y antiguo amigo, durante quince días. Caio, que ahora es un adolescente que le resulta insoportable, saca a relucir las inseguridades de Felipe.